La genética no perdona errores. Un detalle tan microscópico como un gen alterado o en el lugar incorrecto puede provocar daños tan serios cómo el síndrome de Down, niños con malformaciones o extrañas enfermedades cómo la fibrosis quística.
A decir verdad, la mayoría de las enfermedades tiene en mayor o menor grado su origen en el ADN. Puede que este sea el causante de una simple propensión a desarrollarlas, como es el caso del cáncer, pero hay otras ocasiones en que se puede establecer una causa más directa, y precisamente en esas patologías se ha focalizado la ciencia para encontrar una cura por medio de la terapia de genes.
Aún en etapa experimental, este innovador método que consiste implantar el gen faltante o reemplazar uno malo por otro bueno, puede verse como una esperanza para el futuro más que una realidad actual, ya que su aplicación es aún muy restringida.
“Efectivamente hay tecnología para reemplazar un gen por otro, sin embargo, necesita ser mejorada porque en el 99,9 por ciento de las veces el gen administrado se ubica en cualquier lugar de cualquier cromosoma y deja un descalabro”, señala el genetista Manuel Santos.
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