Han proliferado las compañías que ofrecen realizar estudios para conocer la predisposición de las personas a padecer ciertas enfermedades.
En estos días, el mundo se sorprendió con la determinación de una familia entera que decidió extirparse el estómago para prevenir el cáncer. Y es que un examen genético determinó que tenían un 70% de probabilidades de padecer esta enfermedad.
Ahora imagine que está solo en su casa, y de pronto ve un comercial en la televisión que le asegura que por una módica suma obtendrá todo su perfil genético, información que le permitirá saber si tiene genes defectuosos o corre riesgos de padecer ciertas enfermedades. ¿Lo haría? Esto ya ocurre masivamente en países como Estados Unidos, bajo el nombre de tests genéticos directo al consumidor (DTC).
Pero ¿cuáles son los alcances de esta suerte de bolita mágica que promete decirnos qué enfermedades nos depara el futuro?
Los expertos dicen que el problema radica justamente ahí. En creer que la información genética nos permite saber nuestro destino. "La gente piensa que van a obtener una información que de otra manera no tendrían y, que a la vez, ésta va a redundar en una mejor calidad de vida. Pero no siempre es así", sostiene el doctor Fernando Lolas, director del programa Regional de Bioética de la Organización Panamericana de la Salud.
En la Sociedad Genética de Chile reconocen que los tests genéticos se han masificado. "Vemos una tendencia hacia la producción de kits de diagnóstico que, como una prueba de embarazo, el usuario puede realizar en su propia casa. El problema es, sin embargo, la calidad y pertinencia del resultado y la interpretación del mismo", dice Gonzalo Gajardo, presidente de la Sochigen.
Así lo ratifica Francisco León, profesor del Centro de Bioética de la Facultad de Medicina de la U. Católica: "La información genética necesita de un especialista que determine en qué medida esos datos pueden convertirse en una enfermedad".
(Extracto) |