Inicio
Quienes Somos
Socios
Noticias
Noticias de los Socios
Reportajes
Sochigen en los medios
Actividades
Documentos
Links
Fotografías
Contacto
Buscador
 

 

 
 
NOTICIAS
 
 
 
05-01-2010
ADN: el fin de los secretos de familia
¿Quién es el padre? ¿Quién es el hijo? La masificación de los test de ADN marca el fin de una larga era en que el secreto de un hijo nacido fuera del matrimonio se llevaban a la tumba. Y,

si antes eran las madres las que más recurrían a estos exámenes para obligar a los hombres a asumir su deber, ahora son los padres quienes buscan la verdad. (Fuente: Paula)

 

 

¿Qué haría usted si descubre que el hijo que tuvo en sus brazos, el que vio crecer, el que lo convirtió en padre, no es suyo? Los test de paternidad por ADN están subiendo como la espuma en Chile y la prueba está siendo requerida por más hombres que tienen dudas sobre la relación biológica con niños que han asumido como propios. También, por padres que quieren hacerse cargo de un hijo que la madre les niega. Los hombres ya no vienen de la mano de una mujer o arrastrados por una orden judicial. Llegan por cuenta propia. El fenómeno cruza edades y estratos sociales.

 

“Cada vez vienen más hombres voluntariamente”, confirma Hugo Jorquera, tecnólogo médico de la Universidad de Chile, magíster en Bioquímica y Biología Molecular y dueño del laboratorio Biogenetics.

 

Antonio (40) (no es su nombre real), ingeniero y empresario portuario, es uno de ellos. Supo por un test de ADN que no era el padre de la que suponía su hija.

 

“Conocí a Lucía (no es su nombre real), la madre, la noche de un viernes, en agosto de 2004, en la casa de unos amigos en Antofagasta. El domingo fuimos al cine y ese mismo día nos pusimos a pololear. Una semana después tuvimos nuestra primera y única relación sexual, con preservativo”, dice Antonio.

 

Lucía no lo abrazó ni le hizo cariño mientras tenían sexo. Según ella, estaba traumada por una pareja anterior que le decía que era “mala para la cama” y le pidió a Antonio que tuviera paciencia. Al día siguiente, ella le cocinó lomo a lo pobre de almuerzo y se fue. “Dejó de contestarme el teléfono y ponía muchos problemas para vernos, hasta que me dijo que estaba embarazada”, cuenta Antonio.

 

Terminaron su relación, pero él la acompañó al primer control y se comprometió a cumplir sus obligaciones. “Nunca me sentí el padre de la niña. Era una sensación que tenía porque había usado preservativo y por la forma fría en que Lucía me trataba. A pesar de todo, reconocí a la guagua, pagué el parto y la puse como mi carga en la isapre. Me costaba pensar que estaba siendo engañado, porque Lucía se veía conservadora y de buena familia. No pensé que quería plata”.

 

Pero las dudas crecieron. “Un día que Lucía dejó la niña a mi cargo, fui a la farmacia y compré un kit de ADN. Saqué una muestra de saliva de la niña, que entonces tenía 10 meses, y otra mía. Las envié a Santiago y dos semanas después fui a recoger el resultado a la misma farmacia: 0% de probabilidades de que fuera mi hija”. Sus dudas se habían confirmado.

 

Con el resultado en la mano se juntó con Lucía. “Ella se puso a llorar y reconoció que la niña era de un ex pololo. Con amigos averigüé después que era mozo en un restorán. Había estado con él una semana antes de estar conmigo. Lucía prefirió aparecer ante su familia embarazada de un ingeniero y no de un mozo”.

 

El caso llegó hasta la Corte Suprema. Antonio intentó borrar su apellido del certificado de nacimiento de la niña, pero no pudo. En Chile es fácil reconocer la paternidad, pero casi imposible impugnarla, menos cuando no se sabe quién es el verdadero padre. “La ley protege a los niños y la idea es que tengan un padre. Cuando se quiere impugnar una paternidad, al mismo tiempo debe haber otro hombre que la reclame, para que ese niño no quede desprotegido”, explica la jueza del Primer Juzgado de Familia de Santiago, Luisa Hernández. “Si hay dudas, hay que pensarlo tres veces antes de reconocer a un hijo”.

 

Antonio no volvió a saber de Lucía ni de la niña. Se casó y fue padre hace dos meses. La hija que en un principio pensó suya aún lleva el apellido de Antonio y sigue siendo carga suya en la isapre. Y Lucía, en cualquier momento, puede hacer valer los derechos de la niña como si Antonio fuera verdaderamente el padre: puede demandarlo por pensión de alimentos y la niña, convertirse en heredera del empresario. Por eso, Antonio se casó con separación de bienes y todo lo que tiene está a nombre de su nueva mujer.

 

El test de ADN le sirvió a Antonio para confirmar algo que intuía y darle la espalda a una niña que vio crecer como si fuera su hija durante 10 meses. ¿Podría haber cortado el lazo si hubiese pasado más tiempo?

 

Elizabeth Díaz se ha hecho decenas de veces esta pregunta. Tiene 34 años y hace dos se enteró de que Luis (54), el hombre que la crió, no es su padre. Ella no se parecía a él. Tampoco a su mamá ni a sus dos hermanos. “En la casa son todos blancos y yo soy morenita”, dice. La idea de hacerse un test de ADN surgió luego de que una hermana de Luis insistiera en el poco parecido entre padre e hija. Casi como si fuera una anécdota, Elizabeth y Luis decidieron demostrar que eran parientes con una prueba de sangre. Todo se vino a negro con el resultado. No tenían lazos biológicos.

 

En Chile es fácil reconocer la paternidad, pero casi imposible impugnarla, menos cuando no se sabe quién es el verdadero padre del niño. “Por eso, si hay dudas, hay que pensarlo tres veces antes de reconocer a un hijo”, dice la jueza del Primer Juzgado de Familia de Santiago, Luisa Hernández.

 

La noche después de saber la verdad, Elizabeth llegó con el resultado del test de ADN al minimarket que sus padres tienen en Pudahuel. Se lo mostró a su mamá, Cecilia, que al principio no entendía de qué se trataba. Bajaron la cortina. Se sentaron a la mesa. Cecilia encendió el primero de muchos cigarros que fumaría esa noche y Luis sirvió tres copas de coñac con coca-cola, hasta que Cecilia habló. “Nos dijo que no se acordaba de quién es mi papá. La única pista que nos dio es que era integrante del grupo de rock de los años setenta Pálida Sombra y que tocaba en Carrascal. Pero después se desdijo. Cuento esta historia, porque quiero encontrarlo”, dice Elizabeth. Quiere saber de dónde viene, mirar a su verdadero padre y reconocer rasgos de ella en él. “No busco nada más. Luis siempre va a ser mi papá. Nuestro lazo es fuerte. Desde que sabemos la verdad, él no ha cambiado. Aunque no nos parecemos físicamente, tenemos en común la forma de ser y los gustos musicales. Nos quedamos conversando hasta tarde, escuchando a Led Zeppelin”.

 

Pero la verdad ha sido una espina para Luis. “A mi hija la quiero igual que antes. Mi problema es con Cecilia. Aunque en un primer momento la perdoné, hoy siento que fui utilizado. Ahora entiendo por qué después del embarazo se puso distante, fría. Entiendo tantas cosas. Como dice el dicho, me cagaron medio a medio”.

 

Elizabeth Díaz tiene 34 años y hace dos supo por un test de ADN que Luis (54), el hombre que la crió, no es su papá. Ahora quiere encontrar a su padre biológico para saber de dónde viene, reconocer rasgos de ella en él. “No busco nada más. Luis siempre va a ser mi papá. Nuestro lazo es fuerte”, dice.

 

Detectives salvajes

En Chile hay cinco laboratorios privados que realizan estudios de paternidad con test de ADN. Según las cifras que entregan, la demanda aumenta en 30% cada año. Cobran en promedio 200 mil pesos por examen y algunos aceptan pagos en cuotas con cheques, tarjetas bancarias o de supermercados.

 

Pero el grueso de los test los hace el Servicio Médico Legal (SML), donde son gratuitos y sólo se realizan por orden judicial. En 1992, diez personas se sometieron a un estudio de este tipo
en el SML. En 2008 lo hicieron más de cinco mil. La ley señala que si un presunto padre es citado en dos oportunidades a tomarse una muestra de ADN, se ausenta y no lo justifica, inmediatamente se presume que es el padre del niño o la niña.

 

El resultado puede tardar 120 días en el SML, versus los 15 que demora en los laboratorios privados. Tres de ellos están habilitados por el SML, lo que hace que sus pruebas sean válidas ante la justicia: el laboratorio de Biología Molecular y Citogenética de la Universidad Católica, Genytec y TaagGenetics. Los dos restantes sólo funcionan para esclarecer dudas personales, no judiciales.

 

Hugo Jorquera formó Biogenetics hace poco menos de un año. Antes de contestar las preguntas de Paula, se despidió de un joven de unos 25 años que gritaba: “Finalmente era míoooo…”.

 

Llevaba jeans y tenía la misma expresión de felicidad y desconcierto de un padre que acaba de ver nacer a su hijo. “Era míooooo…”, repetía acomodándose la mochila en la espalda, mientras desaparecía por la puerta.

 

Le recuerdo la escena a Jorquera.
–¿Qué le pasó a él? –pregunto.
–Supo que era padre, pero las historias son confidenciales –dice sin entrar en detalles–. Hay gente que no da su nombre real cuando pide una prueba.

 

El tono de Jorquera se parece al de un detective privado.
–En esos casos, en el informe con los resultados sólo va escrito ‘padre presunto’ (junto a las probabilidades de paternidad), ‘hijo’, ‘madre’. Nada de nombres.

 

Jorquera asegura que es cada vez más común que lleguen al laboratorio jóvenes con dudas de paternidad, una tendencia que confirman otros dueños del negocio. Recuerda un caso: “Vino una mujer de unos 20 años con su pololo y un amigo. Ella contó que estaba con su pareja, pero había tenido un desliz con el amigo y durante ese periodo había quedado embarazada. No sabía quién era el padre. No había conflicto entre ellos. Sólo venían a aclarar el asunto. La guagua había nacido recién y era necesario inscribirla en el Registro Civil. El test confirmó que el pololo era el padre”.

 

En Chile hay cinco laboratorios privados que realizan estudios de paternidad por ADN. Cobran en promedio 200 mil pesos por examen y en algunos se puede pagar en cuotas, con cheques, tarjetas bancarias o de supermercados.

 

La muestra más utilizada para el test de ADN es la saliva: un cotonito recoge una pequeña cantidad de la boca. Es más rápido y menos invasivo que sacar sangre, algo importante considerando que muchos niños se hacen el test. Pero esta facilidad para obtener las muestras hace posible que a veces la gente no sepa que su ADN está siendo analizado.

 

Hasta los laboratorios llegan colillas de cigarro, cepillos de dientes, peinetas y chicles para obtener ADN. Las muestras obtenidas furtivamente generan preguntas éticas. “Si nos traen un chicle o un cigarro, la responsabilidad es de quien trae la muestra. Nosotros hacemos el test igual”, dice Jorquera. “Y si la persona viene con un niño a tomarse una muestra, siempre pedimos el consentimiento de la madre, salvo que el padre tenga la patria potestad”.

 

En el laboratorio de Biología Molecular y Citogenética de la Universidad Católica no aceptan chicles, cabellos ni ninguna muestra recogida clandestinamente. Tienen un protocolo que establece que las partes deben dar su consentimiento para una prueba de ADN. “Es muy importante que la mamá o el papá legal dé su autorización cuando se trate de menores de edad”, dice Marcela Lagos, jefa de la unidad.

 

Los test de ADN han descorrido un velo en la sociedad chilena. “Antes la gente se llevaba la verdad a la tumba”, dice María Angélica Rubio, gerente de Operaciones de Taag Genetics. Es la
única empresa que vende kits de muestra que se pueden obtener por cinco mil pesos en algunas farmacias. El análisis lo hace el laboratorio y cuesta 190 mil pesos. En 2009 vendieron 1.100 kits.

 
Ir al artículo completo
 
 
 
 
Sociedad de Genética de Chile - Diagonal Cervantes 683 oficina 213 . Santiago. Chile.
Teléfono-Fax: 56 02 638 70 46
Derechos Reservados. Página creada por IMCOM