En ciertos casos la alteración impide que el niño se amamante normalmente, dado que existe una conexión entre las cavidades bucal y nasal. Esto hace necesario tomar una impresión de la boca del recién nacido para construir un paladar artificial que, posteriormente, se anexa a la mamadera, para que pueda alimentarse.
“Durante buena parte de nuestra vida uterina somos fisurados, pero al momento de nacer todo niño normal debería tener fusionados sus piel, huesos y mucosa. Sin embargo, uno de cada 600 nacidos vivos en nuestro país presenta esta malformación”, explica el doctor Rafael Blanco, académico del Programa de Genética del Instituto de Ciencias Biomédicas de la Facultad de Medicina de la U. de Chile.
El académico añade que estas malformaciones, dependiendo de su gravedad, pueden implicar tratamientos dolorosos y costosos que se extienden en el tiempo. En algunos casos son necesarias varias cirugías que recién terminan cuando el individuo está totalmente formado, esto es, a alrededor de los 18 años.
La FLPNS presenta un fuerte componente genético. Ello se ha comprobado porque existe agregación familiar, es decir, entre personas con vínculo consanguíneo hay más de un afectado. En el caso de Chile es más frecuente en grupos de estrato socioeconómico bajo, que son los que poseen el mayor grado de mezcla amerindia. “Los amerindios llegaron a nuestro continente desde Asia y a partir de ellos se originaron los pueblos aborígenes los cuales, durante la colonización del país, se mezclaron con los españoles”, comenta el doctor Blanco.
Por lo tanto, esta patología es étnico dependiente y su mayor incidencia y prevalencia ocurre en poblaciones asiáticas, es intermedia en poblaciones caucásicas y baja en negroides.
Además, en esta malformación también pueden influir factores medioambientales. Prueba de ello es que en los habitantes de las minas de Chuquicamata y El Teniente, el número de casos supera ampliamente el promedio nacional. De igual manera, la prevalencia es mayor entre quienes viven en zonas agrícolas donde están expuestos a pesticidas.
“Todos tenemos la capacidad de reparar el daño genético pero las mutaciones son acumulativas y llega un momento en que el organismo es incapaz de resistir la agresión medioambiental”, apunta el doctor Blanco.
Patología compleja
Los científicos han estudiado mutaciones en distintos genes para intentar explicar su posible relación con la FLPNS, sin que hasta ahora hayan obtenido resultados definitivos. “Estamos frente a una enfermedad compleja en que están involucrados muchos genes. Las estimaciones más conservadoras hablan de seis o siete y, a pesar de los esfuerzos que se están desplegando en todo el mundo, aún no se ha podido comprobar que la mutación específica de alguno de ellos cause la fisura”, señala el investigador.
El doctor Blanco y su equipo del Laboratorio de Genética Molecular Humana, apoyados por un proyecto FONDECYT, están analizando en la actualidad cuatro genes candidatos: MSX1, TGFB3, IRF6 y BMP4. “Escogimos éstos en base a información proveniente de literatura científica y de nuestros propios estudios. Si bien hasta ahora no ha sido posible establecer una relación de causalidad entre alteraciones de estos genes y la FLPNS, nuestros resultados indican que algunos de ellos estarían asociados a la patología”, resalta el doctor Blanco.
Y esa asociación se vincularía con polimorfismos o variantes del DNA que, probablemente, no alteran el buen funcionamiento del gen. “Aunque no se ha demostrado que la mutación específica de un gen provoque directamente la patología, nuestra hipótesis es que la sumatoria de alteraciones menores en muchos genes que interactúan durante el desarrollo maxilo-facial, pueden influir en la expresión de la fisura”, apunta el doctor Blanco.
El académico añade que en algunos casos, han encontrado asociación entre ciertos polimorfismos que se ubican cercanos a las zonas regulatorias de los genes investigados. “Estudios recientes han podido constatar que la falla de los promotores provoca una importante proporción de las patologías genéticas humanas. En vista de nuestros hallazgos, el próximo proyecto que llevaremos a cabo se abocará a ellos, porque creemos que ahí puede estar la respuesta”, señala esperanzado el doctor Blanco.
Agrega que “el estudio que hemos hecho, por ejemplo, en los genes IRF6 y BMP4 muestra esta asociación con ciertos polimorfismos ubicados en las cercanías a las zonas promotoras de estos genes y que se asocian con la FLPNS”.
De hecho, el equipo liderado por el doctor Blanco es el primer grupo de investigadores a nivel mundial que propone la participación del gen BMP4 en la FLPNS. “Aunque no hemos hallado mutaciones potencialmente causales, sí detectamos asociación y esos resultados se publicaran a la brevedad”, dice.
Asimismo, explica el doctor Blanco, en vista de que la variabilidad de los genes está directamente relacionada con la población estudiada, es prioritario que cada país analice a sus propios habitantes. “La FLPNS es una de tantas patologías complejas que están siendo abordadas con modernas técnicas de biología molecular lo que permitirá, eventualmente, hallar sus causas y promover una consejería genética adecuada”, acota el investigador.
|