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17-04-2008
Uniones entre primos serían las menos riesgosas aseguran los expertos
El hospital de Sant Pau y la Fundación Puigvert han logrado, por primera vez en España, que una mujer de 27 años y portadora de la enfermedad

de Steinert haya tenido una niña libre de esta patología muscular, gracias a un proceso de fecundación 'in vitro' con diagnóstico genético preimplantacional. (Fuente: Terra)

 

 

Jenny y John son algo más que padre e hija. Ellos además comparten un hogar, un proyecto de familia y un lecho en común. Una singular pareja de australianos que se ha atrevido a ir contra la corriente y proclamar su amor, por más que se trate de uno de los mayores tabúes de la humanidad: el incesto.

 

“Las emociones mandan, como la gente sin duda sabe; hay momentos en la vida en los que las emociones mandan en el corazón y también en la cabeza”, explicó John, que ahora es padre y abuelo de Celeste, la pequeña de 9 meses que tiene la pareja.

 

Según las autoridades australianas, la pareja ya habría tenido un hijo el año 2001, que falleció a los pocos días debido a una cardiopatía congénita.

 

El año pasado otro caso de incesto entre hermanos en Alemania causó gran conmoción. Patrick y Susan tienen 4 hijos en común (2 de ellos con discapacidad) y encabezaron toda una batalla legal para que no se castigara su situación y se les respetara como pareja. Sin embargo, la decisión de la corte fue clara: el incesto es ilegal, argumentando que la descendencia de parejas de hermanos padecen de defectos genéticos.

 

Un tema que, aunque no suele ser frecuente, destapa cada cierto tiempo, el debate sobre las consecuencias de esta inusual unión. ¿Qué implicancias tienen para los hijos de la pareja?

 

El problema: compartir genes

La doctora Rosa Pardo, genetista del Hospital Clínico de la Universidad de Chile y Socia adjunta de la Sociedad de Genética de Chile, explica que “mientras más grado de parentesco haya, más posibilidades de compartir genes”, lo que influye directamente en una mayor probabilidad de que los hijos de la pareja desarrollen enfermedades recesivas.

 

O sea, que entre más cercano el parentesco, más posibilidades de compartir los mismos genes y, por ende, de desarrollar este tipo de males.

 

Por ejemplo, “en la primera generación, o sea, si yo me caso con mi papá, con mi hermano o con mi hijo, tengo la posibilidad de compartir la mitad de mis genes con ellos, el 50%” dice la especialista. Con lo que las probabilidades de que el fruto de esa relación herede un mal genético aumenta mucho.

 

Como explica la doctora Pardo, “uno normalmente porta alrededor de seis genes enfermos, entonces si estos 6 genes están justo dentro del 50% que comparto, ahí la voy desarrollar (la enfermedad)”.

 

Entonces la incidencia de enfermedades recesivas aumenta a mayor cercanía, pues “necesitamos las dos copias de los genes enfermos, entonces si compartimos mayor proporción de genes, hay aún más posibilidades de compartir los mismos genes enfermos”, aclara la experta.

 

Entre las enfermedades más comunes que se presentan en este tipo de casos, destaca la fibrosis quística y la fenilketonuria. En el primer caso se trata de pacientes con problemas respiratorios severos, cuya única salvación es un trasplante cardiopulmonar.

 

Los fenilketonúricos, en tanto, “no son capaces de procesar algunos tipos de vitaminas que se ingieren normalmente en la dieta. Y en la medida que no es capaz de procesar eso, o bien se maneja con una dieta específica toda la vida, o si no se detecta a tiempo puede llevar a desarrollar retardo mental en edades bastante precoces”, advierte la genetista.

 

Sin embargo, la situación varía a medida que el parentesco es más lejano. “A medida que me voy alejando de las generaciones, o sea si yo me caso con una segunda generación, con mis tíos, con mis sobrinos o con mis abuelos, comparto un 25% de mi información (genética)”, con lo que la posibilidad de heredar una enfermedad genética disminuye".

 

Qué pasa entre primos

Es complejo definir cuál es el porcentaje de probabilidad de que un hijo fruto de un incesto padezca un mal genético. “No hay publicaciones que te digan en caso de incesto qué está pasando, porque para eso se necesita una población bastante grande para poder llegar a una conclusión a nivel estadístico”, explica la experta.

 

Sin embargo, en el caso de los primos eso cambia, porque al tratarse de situaciones más comunes y frecuentes, éstas se han podido estudiar mejor.

 

A pesar de las típicas creencias de las abuelitas, que suelen decir que de las uniones entre primos, nacen hijos con problemas, la doctora Pardo aclara que eso no es tan así.

 

Otra vez los genes tienen la palabra: como un primo ya corresponde a una tercera generación de distancia, el porcentaje de genes compartido es mucho menor (del orden del 12,5%), por lo que las probabilidades caen drásticamente.

 

“Con primos se han hecho bastantes estudios y en lo que corresponde a malformaciones en sí, no se han visto diferencias significativas” comenta la genetista.

 
 
 
 
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