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30-09-2008
La ciencia joven investiga Chile
La genética de los huemules, el origen la cordillera de los Andes, el clima de Chile durante un milenio, la evolución del loco y otros 177 temas de ciencia, cultura y educación son el objeto de interés de una nueva

generación de doctorados de las universidades chilenas. (Fuente: El Mercurio)

 

 

Todos ellos consiguieron financiamiento en la tercera versión del Concurso de Iniciación a la Investigación del Programa Fondecyt de Conicyt, que aportó casi $9.000 millones para el primer año de ejecución de las iniciativas, todos ellos provenientes del Fondo de Innovación para la Competitividad (FIC).

 

La presidenta de Conicyt, Vivian Heyl, destaca la mayor inyección de recursos, que va de poco más de $3.800 millones en 2006, hasta los casi $9.000 millones para la actual versión.

 

"Además, si en la primera convocatoria el monto promedio entregado a cada proyecto para el primer año era de $12, 6 millones, hoy podemos hablar de un promedio de $19 millones y medio por proyecto para el mismo período", añadió Heyl.

 

Tras la "partida de nacimiento" de los Andes

Cuando el geólogo de la U. de Chile Marcelo Farías presentó las conclusiones de su tesis de doctorado produjo un terremoto académico. El joven científico estaba derribando uno de los axiomas de sus colegas: que la cordillera de los Andes se había comenzado a formar hace al menos 20 millones de años. En realidad, según él, todo había ocurrido muy rápidamente en "apenas" 6 millones de años entre los 10 millones y 4 millones de años antes del presente.

 

El valle de Santiago se había formado por erosión. Antes, pequeñas colinas y volcanes nos separaban de lo que hoy es Argentina, pero nunca de la altura actual.

 

El proceso permite explicar por qué ciertos bosques se conservan en lugares muy aislados entre sí y también la presencia de peces de río chileno de la misma especie en cursos totalmente incomunicados. La cordillera de la Costa no es más antigua, sino que forma parte del mismo proceso de formación.

 

Mil años de clima en el sur

Una reconstrucción del clima de Chile en los últimos mil años es la meta del proyecto de iniciación de Alberto Araneda, investigador del Centro de Estudios Ambientales (EULA, www.eula.cl) de la Universidad de Concepción.

 

Empleará para ello "ensambles" de pequeños insectos de la familia Chironomidae, en español, los "quironómidos". Como desarrollan parte de su ciclo de vida en ambientes lacustres y son altamente sensibles a la temperatura, son clave para las reconstrucciones del clima.

 

Las reconstrucciones climáticas en Chile, según Araneda, no han logrado estimar cuantitativamente la variación de la temperatura. ¿Razón? Apenas se conoce este grupo de insectos. Dice que su proyecto pretende mejorarlo, estudiando la fauna actual de estos organismos en lagos con diferente valor de temperatura. Posteriormente podrá reconstruir el último milenio. Quiere ubicar eventos climáticos de los últimos mil años, bien reconocidos en el hemisferio norte, como la Pequeña Edad de Hielo o la Anomalía Climática Medieval.

 

El loco es uno solo

Hasta que la bióloga marina de la Universidad Austral ( www.uach.cl) Leyla Cárdenas empezó su tesis doctoral sobre el loco (Concholepas concholepas), no se conocía en detalle su diversidad genética ni cómo estaban estructuradas sus poblaciones. Se presumía que había especies diferentes.

 

Cárdenas trabajó con marcadores genéticos y concluyó que en todo el país vivía una sola especie de loco y que incluso la supuesta subespecie de Juan Fernández no lo era: no mostraba diferencias genéticas. "Mi tesis demostró el alto potencial migratorio del loco, que concuerda con datos genéticos y rango de distribución". Esto significa que a nivel de stocks y planes de manejo se podría considerar como una sola población.

 

No obstante, al reanalizar los datos se dio cuenta de que en su proyecto original no había considerado la selección natural. Esto, porque empezaron a producirse trabajos que mostraban diferencias en parámetros reproductivos dependiendo de la región. Se producían más o menos ovas según la zona geográfica. Por eso, el tema que abordará en su proyecto es si existen diferencias en cuanto a las respuestas al medio ambiente causadas por selección. "Poblaciones de locos que viven en el norte pueden no resistir la vida en el sur porque la selección ha hecho que respondan a la temperatura de una manera particular.

 

El estudio se centrará en dos áreas, frente a la Patagonia y en el tramo entre La Serena y Las Cruces. La información será clave para un potencial cultivo del recurso. El loco es la única especie en su género y, además, es endémica de la costa sureste del Pacífico; es decir, sólo se le encuentra en las costas de Perú y Chile.

 

El salvador de los pocos huemules

El biólogo Juan Carlos Marín, del Laboratorio de Genómica y Biodiversidad de la sede Chillán de la Universidad del Biobío ( www.ubiobio.cl), y Vice-Presidente de la Sochigen está preocupado. Critica a los bien intencionados que quieren traer a Ñuble huemules de la Patagonia para fortalecer la reducida población de la provincia. Teme que exista una diferencia genética entre ambos. Tratará de dilucidarlo con su proyecto de investigación.

 

Reconoce que en el pasado la especie vivió desde San Fernando hasta el estrecho de Magallanes, pero es muy probable que la escasa población de huemules que se encuentra en las inmediaciones de los Nevados de Chillán (apenas se han avistado de 10 a 15 animales) sea relicta (propia del lugar) desde el último período glacial. El proyecto también contempla establecer relaciones evolutivas con los ciervos sudamericanos neotropicales, en particular el género Hippocamelus, que incluye al huemul (Hipocamelus bisulcus) y a la taruca (Hippocamelus antisensis).

 

Una especie de ciervo que vive en Uruguay y Argentina sería pariente cercano.

 

El estudio a nivel sudamericano incluye comparaciones con marcadores como ADN mitocondrial, núcleos microsatelitales y cromosomas sexuales. "Debiera existir una relación de la distribución geográfica y la historia evolutiva", sostiene Marín. Una tercera parte del estudio apunta a individualizar las poblaciones de Ñuble determinando incluso qué animal se ha cruzado con cuál. Lo hará con muestras de ADN y fecas frescas.

 
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